julio 30, 2014

Recreación del Mundo.

-Antes de haber nada todo era blanco y frío, vasto y yermo, hasta que al primer niño se le ocurrió formar una bola de nieve entre sus manos y dejarla rodar por aquella infinita ladera del vacío. La bola fue haciéndose más y más grande, y cuanto más grande se hacía, más cosas le ocurrían: tanto giró y giró que con el calor liberado en la fricción contra la superficie de rodamiento parte de la bola se derritió, y así nacieron los océanos, y con sus aguas llegaron los primeros peces, y con ellos los primeros pájaros pescadores, y con ellos los árboles donde posarse, y con los árboles la madera, las chimeneas y el calor de hogar bastante como para que pudiéramos venir al Mundo, y con nosotros todo esto que ves y conoces.
-¿Y así dices que empezó todo?
-Tal cual lo cuento.
-¿Y entonces de dónde salió el primer niño?

-Bueno, eso ya que te lo cuente tu madre, Goyito.

julio 25, 2014

Lo que no viene en libros.

La tarea es metódica, pormenorizada y hasta cierto punto enfermiza. Consiste en recorrer uno a uno todos los libros de la enorme librería que, de solado a sofito, y de puerta a puerta, ocupa la amplia pared del comedor (los techos son altos y la naturaleza, caprichosa: debe hacer uso de un taburete plegable y protésico para llegar a los ejemplares más lejanos). Los desnuda del abrigo de la librería con la mano izquierda, toma con la derecha el marcador de la página donde lo dejara otrora y lo vuelve a colocar, al buen tuntún, unas cuantas páginas más allá, sin reparo o atención a lo que en ellas se esconda. Cuando un marcador ya ocupa las páginas finales, lo recoloca de nuevo entre las primerizas. Así con uno, con el siguiente, y con todos ellos, en una empresa que apenas le deja tiempo libre para el sustento y para visitar muy de tarde en tarde a familiares y amigos. Cuando alguno de ellos le pregunta qué es lo que anda leyendo ahora, les contesta ufano que un poco de todo pero que, principalmente, mucha ficción.

julio 23, 2014

Ninfa.

El encuentro con la ninfa fue tan fugaz como lleno de júbilo.
-¿Volveré a verte? –preguntó el niño cuando ya fue la hora de volver al camino. La ninfa se sumergió en el río y al poco asomó de él con unos tallos verdes aprisionados entre los dientes. Los trenzó hábilmente y los dispuso alrededor de la muñeca del chico, sellando la vuelta con uno, dos y tres nudos.
-Vuelve en tres años con esta misma pulsera intacta, y me hallarás –dijo antes de hacerse una con las aguas.
Tres años después, el chico recordó el sueño y se acercó hasta aquella misma orilla. Esperó en vano todas las horas de luz y con la pronta noche se dio por vencido. Deshaciéndose de los nudos y de la pulsera entera, se prometió que en adelante escogería mejor en qué creer.

julio 13, 2014

Frappo

Frappo, el niño basurillas, ha encontrado la guitarra entre restos de vajilla, periódicos del ayer y botellas de plástico sin color que con la edad se van volviendo amarillas o azules o verdes. La lleva de la mano hasta un montículo de escoria más allá y se sienta con ella sobre un ladrillo polvoriento. “¡Haré una canción!”, dice, y las palabras le saben a fruta fresca. Pero la guitarra lleva demasiado tiempo siendo vieja y con cada nota van saltando una tras otra todas sus cuerdas: plink clonk tlink clank plunk tlonk. “¿Y ahora?”, se dice Frappo, con media sonrisa. “¡Ah! ¡Ahora le pondré letra!”. Y la sonrisa es entera y llena de miel.

julio 06, 2014

La casita de enfrente.

Han ocupado la mañana entera cerrando la casita de enfrente. Es una casita blanca con detalles cerúleos, amable, perenne en mis recuerdos de infancia, con tres ventanas y una puerta ladeada en la calle principal y un ventanal enorme y dos pequeños balcones en la trasera. Han desencajado todas las aberturas de sus marcos y han cegado los paños con obra cerámica, sin preocupación alguna en el tratamiento de juntas o rebabas. Parece que quisieran que a la casa, aún a pleno día, tan solo entrara la luz de las noches. Han sellado también el orificio de la cubierta, el del rayo del treinta y seis, rematándolo con una chapa metálica malencajada entre las tejas, y el tiro de la chimenea ha quedado inútil, con tanto mortero como pusieron en las rejillas del sombrerete. Hasta el buzón, hábilmente encastado en la pared común al recibidor, ha recibido dos puntos de sutura, soldándolo para siempre. Me intriga saber qué premura les entró a los vecinos por cerrar la casita, y cómo harán ahora para salir de ella. 

julio 02, 2014

Como Él manda.

Y Dios, tras de un largo descanso, tomó conciencia del fracaso de la Creación, borró de un golpe de mente todo lo Existente y comenzó de nuevo, tal y como hiciera otrora: con el mismo espectáculo lumínico, la misma pareja protagonista y el mismo entorno paradisíaco, guardando cuidado, eso sí, de sustituir el germen de todo el Problema con un espléndido ejemplar de Árbol del Conocimiento del Bien y de lo Mejor.

junio 29, 2014

Black Mosquito Down Op

Suerte tuviste de hallarme dormido en anteriores ocasiones. De ahí los habones que decoran mi anatomía en tobillo izquierdo, en clavícula derecha y en ese distinguido y exacto punto en mitad de la espalda inaccesible por cualquier medio manual y que me tiene a estas horas de la noche haciendo el jabalí contra el cabezal de la cama. Pero ya no más. La MMP (Maquinaria Militar Propia) se ha puesto en marcha y has pasado a ser el Hussein de nuestro tiempo, un Bin Laden zancudo, un Assange apátrida recluido en veinte metros cuadrados. Ocho, según las escrituras. Las notariales, no las bíblicas. Libro de Vivienda en Sancho Cardeña Tercero Primera, según San Telmo Igurraspe, Notario. Bien. Puerta cerrada. Ventanas cerradas (“ventana” en su forma singular es un término en desuso). Luz encendida. A tope, que pago tarifa nocturna. Cinco bombillas de incandescendia, tres blancas, dos ámbar, para mantener los chacras y nosequés, agotando cualquier posible escondite. Porque me he informado y sé que vuestra carlinga no admite vuelo en condiciones de alta intensidad lumínica. Así que ahora mismo estarás intentando pasar desapercibido volando hasta acabar posado en alguna de las blancas paredes. Cuatro a más concretar. Demasiada superficie a escrutar. Hora para el big boy, el tomahawk moderno, la guía láser nanometrada a tu destrucción total: el ventilador portátil. ¡Ja! Tus débiles alas no pueden batallar contra mi ejército de aspas. Sé que vas a acabar arrastrado por la corriente contra ESA pared, es cuestión de tiempo niño que dé contigo. Que esté sentado en pijama al borde de la cama con el croc negro de ikea en alto, haciendo la estatua (un, dos, tres, pica pared) sólo tiene un objetivo, y ese no es otro que NIÑO acabar estampándote contra la pared, y cuando lo consiga voy a regocijarme con tus rojas entrañas esparcid
-¡¡NI-ÑO!!
Oh, vaya. La he despertado.
-¿Qué, qué pasa?
-¿Qué haces? ¿Qué son esas voces?
Es el enemigo. Un canto de ballena en la pantalla del rádar que intenta despistarme, un cubo de lodo lanzado a mala idea para hacerme agachar la cabeza, pero no, oh no, ya hace rato que dejé el rubicón atrás, no hay escapatoria posible, me vas a pagar con tu vida la poca sangre que te permití, ¡diablo ínfimo! No, “diablo” e “ínfimo”, así combinados, no tiene fuerza. ¡¡Prepárate a morir, diablo del diablo –ahora sí-!! ¡Atención! ¿Es eso? Sí, es ESO: el característico sonido del acecho insectic insectivor insectife del insecto... Cargo el arma. Mi brazo empieza a temblar intentando contener tamaña fuerza, diríase que en cualquier momento haya de concentrarse en torno a él –y al croc- una de esas bolas de energía de anime, con luces y fosfones amarillos y azules girando en vórtice sideral para acabar tronando sobre tu mísera existenc
-¡¡¡Sssssssssssssssssssssssssssh!!! –suena el enemigo, pasando a toda velocidad junto a mi oreja y descargando su ira en forma de mano abierta contra mi mejilla. Habemus habonem.

-Hala, un problema menos –dice ella. Aunque creo que entre el “un” y el “menos” lo que ha dicho en realidad es “tonto”.

junio 25, 2014

Dásiro

Dásiro vive del aire, del que insufla a sus mundos de plástico en ferias, eventos y ocasiones. La cosa es como sigue: alguien en Cerracalombre necesita de un castillo y allí aparece Dásiro con su lenta y vieja MotoCasetta, casa, almacén y vida rodante, y despliega telas y pulmones hasta edificar la más amable de las fortalezas, con sus laberínticos pasillos, su torre del homenaje y hasta sus fantasmitas de aire (como los de verdad, los Auténticos) persiguiendo a niños curiosos que de repente emiten versos medievales desde sus pechos de hojalata. “¿Y lluvia? ¿Tienes lluvia?”, le piden a veces. Y Dásiro entra en la caravana y sale de ella con grandes telas blancas alforjadas sobre los hombros y pasa la mañana embocado en ellas hasta que consigue elevarlas hacia lo alto. “¿Y ahora?”, insisten. Y ahora pasa que las nuevas nubes dejan ir minúsculas burbujas que caen como viejos fuegos de artificio sobre las cabezas de las gentes, quienes se admiran de lo frescas que resultan cuando “¡pop!”, explotan. Pacíficos elefantes con mil trompas toboganes, payasos gigantes con el que distraer a los pájaros de los campos o improvisados barcos piratas para cruzar de orilla sin pagar puente: todo cabe en la MotoCasetta de Dásiro, de ahí que a Dásiro se le tenga cariño y que, amén de los pertinentes honorarios por sus servicios, a menudo sea invitado a cenas, paseos y bailes. En uno de los últimos andaba cuando el fuego llegó sin avisar a la MotoCasetta y se quedó a comer hasta vaciar las alacenas. “Quédate, mi casa es tuya”, “Traje alfajores, Dásiro, para que la pena te huya de las tripas” o “Somos seis hermanos en la herrería, ser siete hermanos nos vendría bien” eran los intentos de ánimo que le proferían las gentes. Dásiro daba las gracias, pero no os preocupéis. Y se echaba la mano al pantalón, de donde sacaba una tela cuidadosamente plegada. Un poco de aire, y a la tela comienzan a salirle chichones por todas partes hasta completar una estupenda réplica de la MotoCasetta. Dásiro entra en ella y comprueba que todo sigue allí. Resopla, aliviado, y de su boca sale un aire hacia todas las cosas nuevas.

abril 14, 2014

De loros.

El veterinario recibe a la chica: diecipocos, pelo lacio apegado al cuello, franca sonrisa. “Se me infectó el hombro”, dice. “¡Oh! Pero eso tendrás que ir a que te lo mire un médico, porque yo sólo...”. “Fíjese, fíjese”, interrumpe la joven; y todo era que en su hombro habitaba tatuado un loro multicolor que llevaba alicaído los últimos días.

abril 09, 2014

Zancos.

Al perro -uno gris, alto, de potente zancada- lo andan buscando por aquí cerca: en las cuevas, en las pozas, en las surcas de las carretas. Gritan su nombre, lanzan carne, concentran agua, pero hasta aquí no llegan. Me preocupé bien de cerrar el paso, porque ahora que él me ha encontrado, no quiero volver a estar solo.